miércoles, 22 de noviembre de 2017

Un Encuentro de Miedo

No podremos salir del castillo hasta Halloween y los organizadores se han asegurado de que cuando lo hagamos, salgamos con las pilas cargadas. En la primera planta habrá cursos como tanatodanza, desnutrición, lenguas muertas o técnicas de levitación. La segunda es para terapias alternativas: hostiopatía, apestoterapia, cuchipuntura, piromasaje o sustoterapia son solo alguna de las propuestas. Hay además una sección de estética en la que podremos realizarnos tratamientos de horripilancia e incluso algún retoque; yo, que hace tiempo sueño con implantarme una tercera teta, creo que es la ocasión ideal. Las habitaciones están en el ático: un montón de colchonetas hinchables, camas de pinchos y ataúdes a elegir. ¡Va a ser terrorífico!

lunes, 25 de septiembre de 2017

Nunca es Tarde

Desde el día que murió no volvió a ser el mismo. La transformación fue radical: dejó el tabaco y el alcohol, empezó a moverse en otros círculos y cambió su vida sedentaria por los deportes de riesgo; no conocía el miedo. Les dedicaba tiempo a sus hijos y se mostraba atento y cariñoso con su mujer, quien todavía no podía terminar de creérselo. Los únicos inconvenientes, esa palidez extrema y ese aliento de ultratumba. Nadie es perfecto.

jueves, 6 de julio de 2017

La Vigilia

Pues resulta que el mundo de la ilustración es algo que me entusiasma... Ay, lo que me gustaría saber dibujar y ser capaz de plasmar en el papel lo que me pasa por la cabeza! En Valladolid llevan unos años haciendo un encuentro en el que se realizan talleres y charlas con ilustradores, editores y expertos en el tema a nivel internacional. El caso es que convocan un concurso para dar la oportunidad a 10 personas de asistir gratuitamente a dicho encuentro y este año el tema era "la vigilia" y había que hacer dos ilustraciones que estuvieran relacionadas entre sí. Yo, que más que amateur soy un poco "flipateur", me he presentado y bueno, pues por lo menos tengo dos ilustracioncillas que voy a regalar a mi querida hermana, que además de querida es muy agradecida...




lunes, 10 de abril de 2017

Superheroína

Subió los diez pisos hasta la azotea a una velocidad inhumana, despeinando a los vecinos que se cruzaban con ella por la escalera. Desplegando una técnica superdesarrollada de lanzamiento de pinza enseguida tuvo lista la colada para rápido plantarse de vuelta en la primera planta. Tras asegurarse de que los niños seguían durmiendo, activó el sistema de reconocimiento ocular en el salón para detectar cualquier objeto fuera de lugar, corrió a la cocina, troceó a dos manos todos los ingredientes y los arrojó a la olla exprés. Aliviada, se sentó en el sofá y entonces...: ¡¡mamáááá!!!

jueves, 16 de marzo de 2017

Walter

A pesar de lo paradójico, a ninguno de los que conocía a Walter de la Fuente del Río le extrañó enterarse de las circunstancias de su muerte. La fuerza de la costumbre hace que la gente dé por sentado cosas que antes habría considerado imposibles.
Pero comencemos por el principio. Aquella tarde de abril, cuando en aquella idílica pradera las gotas de lluvia primaveral comenzaron a surcar los rostros en éxtasis de los que serían los padres de Walter, su madre lo supo. Algo dentro de ella, una sensación que ella misma describió muchas veces como la que se siente al haber bebido demasiada agua con el estómago vacío, le dijo que acababa de quedarse embarazada.
A partir de ese momento y con una rapidez sorprendente su vientre comenzó a abultarse de tal manera que su caso pronto se convirtió en el centro de los cotilleos del pueblo, llegando a atraer la atención de muchos médicos especialistas. “Lo que usted tiene ahí no es normal.” “¿Está segura de que está embarazada?” “Será un tumor.” La señora del Río tuvo que soportar todo tipo de comentarios hasta que un doctor forastero dictaminó que padecía de un inexplicable exceso de líquido amniótico. Y un mes antes de lo esperado, mientras su padre dormía y su madre lo intentaba, Walter decidió salir al mundo.
Cuando aquella mujer rompió aguas fue como si un manantial hubiese brotado de sus entrañas. Tanto fue así que el ruido despertó al marido, que se encontró con su esposa fuera de sí, contemplando anonadada un cuarto inundado. Y entre toda esa agua, una diminuta criatura salió disparada. Su padre, asustado, se apresuró a rescatarlo, aunque el bebé flotaba y chapoteaba con una soltura extraordinaria. A partir de entonces, pocas cosas fueron normales en la vida de Walter.
Enseguida se dieron cuenta de que el pequeño sentía una evidente pasión por el agua. Como cuando lo llevaron a conocer el mar. Tenía cinco años y acechaba tormenta. Las olas golpeaban la costa embravecidas y Walter las miraba como hipnotizado. Paseando por el puerto, sus padres de pronto lo echaron en falta, hasta que lo vieron asomar entre las piezas de hormigón que formaban el dique, embelesado y chorreando agua. Sus padres, enojados, le echaron una buena reprimenda. Al poco rato Walter volvió a desaparecer para aparecer empapado de nuevo, completamente ajeno al enfado de sus padres. “Sabe a sal”, se limitó a decir entusiasmado.
Cuando era pequeño se pasaba horas en la biblioteca del pueblo buscando lugares en todo el mundo. De mayor quería ser el vigilante de las cataratas del Niágara, el socorrista del lago Titicaca, el encargado de la limpieza de la Fontana de Trevi. Quería criar cocodrilos en el Nilo, tallar icebergs en el Ártico o vivir en el Faro del Fin del Mundo...
Con la adolescencia su particular atracción hacia el agua se fue acentuando. Al principio a sus vecinos les escandalizaba cuando los días de lluvia, tanto en invierno como en verano, el joven Walter se paraba desnudo en el medio del jardín de su casa, dejando que el agua resbalase por todo su cuerpo. Permanecía allí plantado durante largos minutos, con los brazos extendidos hacia arriba y una tremenda cara de satisfacción. A esas alturas los padres del chico ya habían decidido que serían más felices aceptando esa peculiaridad suya que no luchando contra ella.
Como era de esperar, Walter acabó yéndose a vivir a un pueblo de la costa. Al principio sin mucha suerte, recorrió durante días el trayecto del puerto a la playa, de la playa a la lonja, de la lonja al puerto y vuelta a empezar. Hasta que por fin, cuando el capitán de un pesquero vio la vehemencia que desprendían aquellos ojos azules, su sueño se hizo realidad. “Empiezas mañana”.
Coincidiendo con la llegada del joven, un temporal poco propio de aquella época del año había empezado a azotar la zona. Había comenzado con leves rachas de viento y lluvia ligera y todo indicaba que no sería nada significativo. Las expectativas, sin embargo, fueron erróneas. Desde el momento en que el pesquero en el que trabajaba Walter se adentró en alta mar las olas comenzaron a agitar el barco con furia, el viento empezó a hacerse más fuerte, la lluvia más intensa.
La nube que estaba sobre sus cabezas se fue volviendo más y más negra. En la distancia, el estruendo de un trueno retumbó en sus oídos. Todos los marineros se guarecieron en el interior de la embarcación exceptuando a Walter, que a pesar de las advertencias del resto se quedó en cubierta. Con sus cabellos pegados a la cara goteando lluvia y agua de mar; asido con fuerza a la barandilla de proa; mirando fijo hacia el océano, como en trance. Presenciando cómo una enome manga de agua se formaba frente a él. Sus compañeros observaron perplejos cómo Walter se despojó de sus ropas con una serenidad poco habitual en tales circunstancias y extendió los brazos hacia aquella columna. Y entonces, desapareció.
En poco tiempo, la tempestad amainó por completo. El cielo se abrió azul y brillante. El mar, en calma.

lunes, 13 de marzo de 2017

Dependientes

Seguimos sin hablarnos, sí. No, mamá, ya estoy harta de que siempre hagamos lo que ella quiere, ¡estaría bien poder controlar un poco mi vida!. Sabes que desde que nacimos siempre ha sido así -¡Qué pasa!- Nada, nada, le digo a ella, que encima me mira mal. Ya te lo ha dicho, ¿no? Pues sí, estoy en huelga; hasta que no cambie su actitud yo no me muevo. Vale, te la paso pero para que lo sepas, ya le he dicho que como siga así nos separamos. ¡Por muy arriesgada que sea la operación!

jueves, 9 de marzo de 2017

El bello durmiente

Depositó con dulzura un beso en sus labios, lo que hizo que el apuesto joven se revolviera en su lecho. Lentamente abrió los ojos, que se le iluminaron al contemplar a la mujer que tenía delante. Roto el hechizo, los habitantes del castillo seguían la romántica escena con expectación y algarabía. Ella se le acercó al oído y susurró: "Antes de que se líe la cosa... en unos días me mudo a otro reino, que lo que yo quiero es conocer mundo. No estoy interesada en relaciones serias, y menos en bodas. El hada me ha dicho que si no te besaba, nunca saldrías de tu letargo. Tómatelo como un favor. Sin más".