jueves, 9 de marzo de 2017

Burrocracia

- Le cobran en aquella fila de la izquierda, si no le importa -masculla el hombre- aunque le falta el formulario B2. Baje al primero y pregunte en la Sección de Formularios Inútiles.

- ¿El formulario B2, por favor?

- Tome, el B1.a. Lo rellena, lo paga y después lo lleva a la ventanilla 3.

- Hola buenas, aquí tiene el resguardo para el formulario B2.

- ¿Perdone?

- En la otra ventanilla me han dicho que era aquí.

- Pues no sé... espere que pregunto... Ah, sí, tenga el B1.b. y pregunte en aquel despacho.

- ¿Se puede? Quería el formulario B2... traigo el B1.b...

- A ver... hmmm... vale, todo correcto... tome el B1.c. y...





lunes, 6 de marzo de 2017

Lacrinóminos

Los hombres que me suelen gustar no saben llorar: los llaman lacrinóminos. Más que no saber, no pueden, como yo: producto de una primera generación de seres creados mediante tecnología genética nacimos con una tara que impide la producción de lágrimas. Se nos distingue desde lejos, pues sin lagrimeo, nuestros ojos permanecen fijos. Solo nos está permitido relacionarnos eróticamente entre nosotros; así hemos sido programados. Sin embargo, últimamente, cada vez que veo a un hombre normal emocionarse siento algo que nunca había sentido. No sé bien qué es, pero me gusta. Desde hace semanas no salgo de casa sin unas buenas dosis de colirio.

lunes, 13 de febrero de 2017

Bodorrio

Debo decidir. ¿Civil o religiosa? Por mí no habría dudas, claro, pero su abuela está muy delicada y no queremos darle ese disgusto, dice Luis. Dice también que mi suegra ya ha hecho una selección de vestidos -puedo imaginármelos, oh, dios mío- y que entre ella y mi suegro han elegido nuestros anillos. Su madre además (déjala a ella, que ella sabe) ha organizado todo lo del banquete y ha invitado hasta a Rita. Menos mal que del viaje me he podido encargar yo. Debo decidir. La chica teclea: Entonces... dos billetes a Hawai para junio. "Espera, mejor uno solo"

jueves, 12 de enero de 2017

Abandono

Para implorarle que vuelva a casa ya no sabe qué hacer. No puede soportar más el penetrante olor de las sábanas envolviendo sus sentidos, ni la infinita soledad de ese plato vacío de amor. Busca en la montaña de la ropa sucia una prenda que lo salve, escribe su nombre en el polvo de la estantería... Desesperado, lee una vez más su nota de despedida: Hijo, si no te vas tú, me voy yo. ¡Deja al menos que disfrute de mi jubilación!

martes, 8 de noviembre de 2016

Poderoso Caballero

Sigo observando mi trocito de cielo con cierta insatisfacción. Con su nube, su rayo de sol y con ese rinconcito en el que en ocasiones es posible atisbar hermosos matices irisados. Sin otra cosa que hacer, lo contemplo en su vitrina junto al resto de piezas exclusivas de mi colección, divagando sobre cuál será mi próxima adquisición.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Naufragio

Peina su cabellera con peine de plata y brillantes incrustados:

- Mi amor, ¡somos tan afortunados de haber sobrevivido! Te has vuelto algo reservado pero lo entiendo. Por cierto, no te conté... hace poco ¡qué pesadilla!, soñé que nos quedábamos sin comida. ¿Te imaginas? Tenía mucha hambre y acababa haciéndote una cosa espantosa.

Termina de acicalarse y sorprendida, contempla sus mechones en el peine que él le fabricó con un trozo de madera seca. Los arranca asqueada.

- Solo espero que alguien nos rescate cuanto antes de esta maldita isla o acabaré por volverme loca. 

Él parece que la observara desde la profundidad de sus cuencas vacías, el cráneo ladeado, como autocompadeciéndose.

viernes, 29 de enero de 2016

Instintos

En un mundo en que los seres humanos eran creados en laboratorios el instinto de placer había sido suprimido. Según lo establecido, a Eva le había llegado el momento y aguardaba su turno en la sala de espera. Un hombre con bata blanca la hizo pasar al cuarto sin levantar la mirada de su carpeta. “He olvidado algo”, dijo con voz queda, dejándola sola. Pasaron los minutos y el aburrimiento se apoderó de ella. Y entonces algo empezó a oírse: un quejido contenido, un gemido infinito que recorrió los pasillos del centro clínico, poniendo los pelos de punta a quienes lo oyeron, produciendo cosquilleos desconocidos. El hombre de la bata se apresuró hacia el cuarto y cuando abrió la puerta exclamó alarmado: ¿pero qué demonios esta haciendo con esa probeta?!